No son las calles quienes recuerdan a sus transeúntes.
Somos nosotros, los nostálgicos, los traumados, los sin olvido, quienes de historias y remembranzas empapamos al asfalto y tierra. Las vidas de estos cuentos mal contados serán hasta que sus dueños se ahoguen con ellos o en el mejor de los casos, el relato trascienda sobre sus creadores.