Desde hace ya un tiempo me ataca la impresión de que para muchos, lo urbano pasó de ser un espacio público a un espacio residual, donde los problemas de lo ciudadano, son simplemente eso, excedentes menores de los verdaderos dilemas individuales de quienes habitan lo civil. El transeúnte toma distancia de la ciudad, y ha de ser, pues pasamos de espacios urbanos diseñados a escala humana (lo orgánico), hacia la escala de lo mecánico. Tristemente era algo evidente, la ciudad es la expresión insigne de lo moderno, es su iglesia, y va creciendo como la hija del “progreso en todas sus dimensiones".
¿Existe algún elemento que restituya la escala humana de una ciudad en constante expansión?
Si bien el problema exige resolverse a través de políticas mayores que atiendan correctamente el conflicto de que significa “ser ciudad", considero que la expresión de lo artístico es en sí, el elemento alquimista que en las condiciones presentes, hace de puente para transformar en orgánica esta ciudad tan mecánica.
