¡Nada os pertenece en propiedad más que vuestros sueños!

F. Nietzsche




jueves, 8 de noviembre de 2007

En un cerrar de ojos.

Desconcertado mira el vaivén de los arboles, mira a través de aquel vidrio divisor de dos espacios, una sala y un patio.
Respirar cuesta, el corazón se agita, el desvanecido cuerpo tirita. El estado de euforia lo saluda, lo desespera, lo domina, inevitablemente desconecta su instinto vital, la lógica viviente. Se levanta alterado, a los ojos de cualquiera, esta padeciendo un síndrome de abstinencia... pero no, ninguna sustancia química o natural es lo que lo angustia. Se abalanza torpe hacia la salida, mientras todos expectantes y extrañados, no saben que le pasa a este tipo. Con desequilibrio abre la puerta, camina tambaleante hasta la baranda de aquel maldito quinto piso. Respira hondo, muy hondo, hasta donde los pulmones topan. Con convulsiones menores mira por ultima vez a su compañera, ambos saben lo que sigue.
Bota el aire, trepa el metálico obstáculo, abre los brazos y simplemente cierra los ojos...

...Renato a muerto, otra vez a muerto, los suicidios imaginarios son algo habitual en su cabeza, su capacidad de crear situaciones fantasma es tan fuerte, aun siente el aire correr por su cuerpo mientras caía.