Construir una historia en fabulaciones lucidas solo puede terminar de dos formas.
Un final épico, radiante e incluso feliz, como en el caso de Edward Bloom, donde todo siempre fue verdad...
...O como el Quijote que al final recobra la razón, vuelve a ser Alonso Quijano y siente como fútiles sus palabras, sus creencias, sus actos y muere de pena.