¡Nada os pertenece en propiedad más que vuestros sueños!

F. Nietzsche




miércoles, 10 de septiembre de 2008

Final alternativo.

Aparentemente derrotados los dragones, subió a duras penas la torre, con su sangre en las manos, rompió los barrotes de la alcoba y la contemplo. Era tan radiante, como solo ella podría ser para él.

Entrando, sujeto sus manos y se sumergió lentamente en su voz, pasando así horas infinitas mientras sus dialogos se forjaban.
Al nacer la noche, le ofreció huir lejos, tenían un mundo por recorrer; el bosque, las montañas, el mar e inmensas planicies podrían ser sus espontaneas y momentáneas residencias.
Quizás pasarían frío y hambre, pero el simple hecho de mirarse a los ojos y sonreír los haría felices. Podrían vivir ese mundo nuevo, aquel que pocos valientes se han atrevido a vivir.

Fue entonces, tras esa sincera petición de libertad, que ella con mirada risueña le susurro:
Disculpa príncipe, ¿para qué deambular por el mundo, si ya todo este castillo es nuestro? Es tan solo crear un nuevo reino.
Observando esos ojos grandes de princesa, le sonrío cálidamente, beso su frente, suspiro y salto por la ventana.